martes, 27 de octubre de 2009

El UPAC en Nuestra Historia Economica a partir de la Construcciòn.

Libro recopila 50 años de la construcción en Colombia http://www.dinero.com/noticias/libro-recopila-50-anos-construccion-colombia_41112.aspx

308 páginas segmentadas en ocho capítulos dan cuenta de distintos momentos por los que ha atravesado la construcción en el país.


Medellín_ “Cincuenta años en la construcción de Colombia: Camacol 1957-2007”, es el título del libro presentado en el Congreso Nacional de la Construcción en honor a las bodas de oro del gremio que reúne a los empresarios del sector.

Según el Director de la Publicación, Hernando Vargas Caicedo, el libro es un recuento investigativo de documentos valiosos que representan un panorama que permite comparar los distintos momentos del sector en las últimas décadas.

308 páginas de historia

Historia Urbana es el capítulo escrito por el profesor Fabio Zambrano, quien
hace un recuento de Colombia como un país de ciudades desde hace varios siglos, que han contribuido a la riqueza de las regiones y a la modernización en los últimos años a partir de la cultura cívica de algunos gobiernos locales.

Nicolás Rueda es el autor de otro capítulo que hace referencia a la vivienda social en donde reconoce los logros de algunos proyectos importantes en materia arquitectónica y urbanística.

Por su parte el economista Oscar Alfonso da cuenta de lo que sucedió antes y después del UPAC, además de la transformación de las formas de producción de los proyectos urbanos.

El análisis de las recientes legislaciones ambientales y la participación pública en los proyectos estuvo a cargo de Gustavo Quintero quien analiza cómo a la legislación colombiana a pesar de ser moderna le falta armonía a la hora de ejecutarla.

Diego Echeverri hizo énfasis en la competitividad de las empresas constructoras. A partir de entrevistas y materiales de investigación encuentra cómo las empresas han hecho una redefinición de procesos, servicios y productos y da cuenta de cómo están trabajando para abrir su mercado.

En los dos capítulos finales el Director de la Publicación, Hernando Vargas Caicedo, comparte un análisis de los cambios que ha presentado la construcción en la parte técnica en los últimos tiempos y cómo surgieron las firmas constructoras.

La historia de Camacol es la que concluye este compendio y es a partir de las actas, documentos y entrevistas con los directores del gremio, que se conmemoran sucesos que construyeron historia desde su fundación hasta hoy, en la que el sector ha cobrado vida gracias a la labor que ha permitido encauzar los intereses de los constructores, capacitar a los obreros, apoyar la normalización y ayudar a validar el desarrollo económico del país en los últimos años.

lunes, 5 de octubre de 2009

Nuestro "Folclórico" Sistema Legal

Eran alrededor de las 9 de la manana del miercoles 30 de septiembre cuando por cosas de la vida entré a un juzgado que nunca pense visitar; estaba yo en la ciudad de Santa Marta. Vaya sorpresa que me llevé. Aunque no era la primera vez que tenía la oportunidad de entrar a una audiencia de nuestro maravilloso sistema legal, y llamemoslo así por no llamarlo de otra manera. Digo esto porque más que oportunidad es una desdicha que un estudiante que apenas cursa segundo semestre de esta maravillosa carrera que es derecho tenga que desilusionarse e imaginarse que cuando le llegue finalmente la hora de poder ejercer y llevar a la práctica todo lo que con tanto esfuerzo aprendió durante sus 5 años en la universidad, lo que va a encontrar en cada audiencia a la cual le toque asistir, a lo que va a ser sometido, es a un tsunami de bostezos del cual ni el más entusiasta se podría salvar.

Al entrar al edificio lo primero que noto es que es más parecido a un circo que a la imagen que llevaba en mi cabeza sobre cómo debía ser nuestro sistema legal. En una esquina hay una mesa de cuatro hombres jugando dominó, en la otra está el guardia que en vez de estar pendiente de la entrada esta pendiente de cuanta mujer le pase por en frente; es tanta la distracción del hombre que uno de los detectores de metal suena alertando que alguien acaba de pasar con un objeto, valga la redundancia "metálico" y si no es por uno de los agentes del INPEC que le avisa al "atento" guardia, el hombre que portaba un arma blanca habría entrado a hacer quien sabe qué.

Ya entrando a la audiencia me encuetro con un juicio un poco folclórico en el que uno de los acusados, en términos coloquiales, se "mama gallo" con el juez; otro de los acusados no para de darle besos a su novia, que parece estar en un desfile de modas, y no en un juicio.Por si esto fuera poco, el abogado de la defensa, más que preocuparse por atender el juicio que tenía frente a él, andaba ocupado atendiendo llamadas personales en su celular; en medio de sus intervenciones se detenía para hablar por celular sin siquiera excusarse o salir de la sala. Lo más triste, y cómico de todo esto, es que todo pasaba con la complicidad del juez, quien no decía absolutamente nada; esto es lógico ya que estaba muy ocupado tratando de lograr que el secretario, o transcriptor, lograra anotar lo que iban diciendo las diferentes partes involucradas. Verdaderamente, al ver este circo legal, dudé entre reir y llorar; reir porque realmente era una escena muy cómica (parecía incluso salida de alguna caricatura o show de variedades), y llorar porque veía que la imagen que tenía yo del sistema legal colombiano era completamente errada, y esto fue para mí una gran desilusión.

Ahora bien, dejando de lado la payasada que era el juicio que presencié, concentrémonos en el procedimiento que se siguió en dicho proceso (más allá de la seriedad, o falta de seriedad, que se observó en el mismo). Principios fundamentales que hacen parte del código de procedimiento penal tales como la dignidad, libertad, igualdad, imparcialidad, presunción de inocencia, defensa, derecho de las víctimas y publicidad fueron los que raté de encontrar en el proceso. Sorprendentemente, y francamente increíblemente, estos principios sí hicieron presencia en el circo que era esa sala penal; a pesar de ser una completa comedia, el juicio cumplió a cabalidad con los planteamientos del código de procedimiento penal. En el juicio, se juzgaba a 4 hombres, acusados todos del delito de concierto para delinquir; la policía encontró a los hombres en una parcela de tierra que estaba sembrada con planta de coca, y se encontró además un laboratorio para el procesamiento de coca con todos los insumos requeridos para la realización de esta actividad.

En primer lugar, debe decirse que los cuatro acusados fueron efectivamente tratados de forma digna, ya que no se observó ninguna falta de respeto, ni ningún mal trato hacia ellos. Antes por el contrario, podría decirse que el trato digno recibido fue excesivo, en especial si se considera que uno estaba besándose felizmente con su novia, y que otro estaba "mamando gallo" con el mismo juez. Ahora bien, estos hombres no disfrutaban de libertad ya que fueron atrapados, sindicados de concierto para delinquir, y en juicio para determinar su culpabilidad; sin embargo, parecían hombres libres sin ningun crimen imputado en su contra ya que ellos en esa sala hacían lo que querían (quizás incluso podrían haberse marchado tranquilamente de los juzgados mientras el guardia de la entrada seguía piropeando a cualquier mujer que pasara por la sala). El principio de igualdad no hay siquiera que mencionarlo porque al ver a un acusado "mamando gallo" con el juez, es claro que los acusados recibieron un trato e igualitario (por decirlo de una forma simple y bajándole el tono a la evidente falta de seriedad del proceso en general); imparcialidad, sorprendentemente, también hubo.

El juez, a pesar de hablar abiertamente y reir con los acusados, no olvidó el hecho de que eran acusados de concierto para delinquir, y atendió a la evidencia presentada por la fiscalía con sorprendente objetividad y respeto por la ley. Además, se observaron los principios de presunción de inocencia (aunque claramente estos hombres NO eran inocentes) y de defensa; ellos recibieron el beneficio de la duda y tuvieron la oportunidad de presentar su defensa, según la cual ellos quisiseron hacerle creer al juez que no planeaban delinquir, sino limpiar la parcela de la coca para trabajarla honestamente. No contentos con esta risible defensa, los hombres, al parecer, tomaron al juez y la fiscalía como tontos al decir y jurar que no sabían de la existencia del laboratorio ya que estaban tratando de limpiar la parcela.

Los acusados presentaron una defensa no sólo débil, sino además mentirosa; ninguno de los presentes creyó en las palabras de los acusados, ni en los argumentos falaces utilizados por su abogado para tratar de engañar a la ley (increíblemente, el abogado encontraba momentos entre llamadas para representar a sus defendidos, aunque con poco éxito). Finalmente, es importante observar que los derechos de las víctimas (en este caso los 4 acusados) y la publicidad también fueron respetados a lo largo del proceso. Por un lado, en el juicio se respetaron los derechos y dignidades de los acusados; me gustaría decir que su seguridad también estuvo garantizada, pero al recordar al guardia distraído que por poco deja entrar a un hombre cargando un arma blanca al juicio, decir tal cosa sería un poco exagerado. Por el otro lado, se tiene que el juicio si fue público, tal como debe ser; yo logré entrar sin mayores problemas al juicio, y con sólo recordar a nuestro querido guardia, no puedo decir que la publicidad del juicio haya sido un problema en algún momento.

Al abandonar la sala y salir de los juzgados allá en Santa Marta, debo decir que mi imagen del sistema legal colombiano cambió por completo; sigo amando y respetando la ley, pero ahora soy consciente de que deberé luchar por defenderla no en juzgados, no en salas penales serias y sobrias, sino en un gran circo con sucursales en todas las ciudades del país.