domingo, 20 de septiembre de 2009

Lo apestoso de la justicia colombiana




Que emoción, pensé; era mi primer contacto directo con lo que eventualmente se convertiría en mi sustento, en mi carrera. Aunque un poco prematuro, –pienso yo – se me había asignado como trabajo, el visitar los juzgados de “Paloquemao”, supuestamente el principal centro de adjudicación de justicia del país. Se tenía como fin que comprobara si los distintos artículos que contemplan los principios y las garantías procesales se aplican cabalmente en las audiencias que se llevan a cabo cotidianamente en este sitio; y que relacionara el desarrollo de estas audiencias con la lectura de Galanter hecha en clase.

Claro la emoción tuvo que ser grandísima, uno que es un muchacho de apenas segundo semestre, entusiasta aún, con una carrera que cree ha de estar llena de glorias e ideales, el hecho de visitar aquello que uno considera debe ser un templo de la justicia es motivo suficiente como para que a uno se le erice la piel. Claro que se me erizó la piel,  pero no fue precisamente por la emoción del ingreso, no, no fue por eso; al entrar lo primero que me recibió no fue ese ambiente de justicia y orden que esperaba, lo que me recibió fue un olor de lo más putrefacto, así, de esos olores que hacen que a uno se le erice la piel. Me sentía entrando al terminal de transporte. El piso era igualito, el olor puede decirse que era hasta peor, y en las paredes había de esos televisores que siempre anuncian, de manera caótica la salida y entrada de los buses; que sorpresa la mía cuando me acerqué y vi, que en la misma manera caótica, aquellos televisores eran los que publicaban el cronograma de audiencias. Que irónico, como si las audiencias entre personas que supuestamente somos sujetos de Derecho sean semejantes a un viaje de aquí a Medellín o yo qué sé.
Bueno, mis expectativas eran tales, que aquel olorcito no iba a derrumbarlas. Pensé: “En este sitio, los abogados lucharán con tanto ahínco por la justicia, que es apenas lógico que esto huela a un camerino de jugadores de futbol recién salidos de un partido; al fin y al cabo qué es un litigio sino un partido por la justicia”. Con estas ideas en la cabeza, y con un esfero y un papel en la mano me dispuse a entrar a la primera audiencia. En mi papel tenía escritos todos esos derechos y principios, que en ese momento eran competencia mía juzgar si eran aplicados o no; el de la dignidad, el de la libertad, el de la igualdad, el de la imparcialidad; y otros tantos que terminaría por aborrecer al final de mi visita.
En mi primera entrada, la sala de la audiencia, parecía más bien una sala de velación. Pero para este caso no era al muerto al que se le lloraba, sino al asesino. Tuve la fortuna, o la desgracia, de encontrarme con un vivísimo caso –nótese el sarcasmo con el que uso el término vivísimo – de asesinato. Un joven de no más de veinticinco años era inculpado por haber asesinado, y herido a unas tres personas. En la resolución, se comprobó que en efecto había sido el muchacho el culpable de todos los cargos, y que tendría que pagar con una condena de once años y una indemnización por cien millones de pesos. La sala se llenó de gritos y sollozos de dolor, la familia no creía lo que le pasaba a su hijo. Pasado el escándalo, me puse en la tarea de revisar si en el proceso se habían cumplido las garantías y principios para con el inculpado. Bueno en cuanto a la dignidad, el tipo al menos no fue irrespetado; en lo de la libertad, no tenía derecho a ella, había sido declarado asesino; en cuanto a igualdad me queda claro que el hombre no fue irrespetado en ningún momento; que si el juez fue imparcial, vaya que lo fue, bastante más de lo que esperaba; por cuanto a todo a los establecido para la defensa, creo que todo fue cumplido a cabalidad, o por lo menos eso me permitió deducir lo poco que alcance a ver; si de derecho a las víctimas se trata, creo estas fueron las que mejor se cumplieron, estas fueron tratadas con dignidad, fueron oídos, se les aseguro su seguridad, por cuanto había más de un policía vigilando la audiencia, y se les reparo íntegramente por los daños sufridos, bueno eso en cierta medida, no sé que tanto valga más cien millones de pesos que una vida; y por cuanto a la publicidad, fue tan publica que hasta yo pude verla.

Luego de hacer ese repaso por todas esas garantías, aún me quedaba un sinsabor: o había asistido al peor partido por la justicia, o ese partido se había declarado ganado por w desde el principio. El hedor presente en la atmosfera, seguro no provenía del esfuerzo de los litigantes en esa sala. Me parecía increíble ver cómo le era tan fácil a la juez declarar una sentencia tan pesada, como, sin que se le escapara un solo gesto, podía llevar una audiencia de tanta carga sentimental.

Pasé por unas cuatro audiencias más, y todavía no empezaba por empaparme del sudor de la justicia. Cada audiencia se resultaba más tediosa. Llegué hasta a presenciar una audiencia en la que la defensa de dos sindicados por robo, renunciaba por falta de pago ¿qué es esto? Digo yo que deberían de censurar este tipo de audiencias a nosotros los jóvenes y entusiastas aprendices del Derecho. El resto de las audiencias, me resultaron patéticas, eran casos de abogaditos de oficio que se daban por bien servidos al aplazar una audiencia un par de meses más ¿esto es Derecho, es esto justicia? De qué sirve que todos esas supuestas garantías y principios se cumplan, si de hecho estamos frente a un sistema judicial conformista y bastante apestoso. De qué sirve que las garantías de los procesados se cumplan, si al fin y al cabo sean o inocentes terminaran detrás de las rejas, todo por la displicencia de unos sujetos que dicen ser abogados, y que lo único que tienen de la ley, es esa cara cuadriculada y gris tan parecida a todos esos tediosos códigos que las contienen. Luego de esta triste visita a “Paloquemao” no me queda más que decir que el olorcito del que he estado hablando durante todo el artículo no corresponde en lo absoluto al esfuerzo de un partido por la justicia. Es más, quizá el olor de la putrefacción de la que sufre constantemente la justicia colombiana, de la falta de humanización de personas que en su trabajo por el bien de seres humanos, han terminado por dejarse absolver por una sistematización que a veces resulta absurda, y se han olvidado de le esencia de lo que en realidad es el Derecho.
Disculpen si mi comentario fue demasiado osado
Publicado por Manuel Ricardo Pinzón

1 comentario: